martes, 26 de julio de 2011

Cuidado con AUTOEXCUSARSE

¿Cuantas veces has oido a tu oponente quejarse despues del partido que le acabas de ganar?, muchas -seguro que no me equivoco- pero lo mas importante ¿cuantas veces lo has hecho tu?.

Hay jugadores a los que les encanta hacer esto cada vez que pierden un partido, es como un mecanismo de defensa que utilizan para decirte que ellos son mejores pero hoy no han tenido suerte.

Te dejo un articulo muy interesante extraido de, itusa-tenis http//:www.itusatennis.com, a cerca de esto, que puede hacer cambiar tu mente despues de los partidos, es muy interesante, te animo a que lo leas entero y luego reflexiones sobre ello.

CUIDADO CON AUTOEXCUSARSE
EXTRACTO DEL LIBRO “TENIS: GANANDO EL PARTIDO PSICOLÓGICO”
Por Allen Fox, Doctor en Psicología © 2010, todos los derechos reservados
Los partidos de tenis muy reñidos o muy largos, con frecuencia se convierten en estresantes. A medida que el partido avanza nos vemos más y más envueltos emocionalmente. Todos sabemos que ganar es muy satisfactorio y perder es muy desagradable, pero en el fragor de la batalla el resultado es incierto. Esta situación es como hecha a medida para llegar a un estado de estrés muy alto y desagradable, y uno quisiera escapar de este estado buscando excusas.

Un ejemplo típico de esto es cuando a un jugador le “roban” una pelota y racionaliza su decisión de tirar el partido sobre la base de “si el tramposo lo quiere de malas maneras, ¡dejémosle que lo tenga!” Entonces continúa pensando: “no perdí el partido realmente, ¡me hicieron trampas!” Esto encaja dentro de la categoría general de racionalización, conocida comúnmente como autoexcusa. Después del enfado, la autoexcusa es probablemente el método más extendido para escaparse del estrés y de la incertidumbre de la competición. Es un campo particularmente fértil, y viene disfrazada de mil formas. El “problema” aquí, cualquiera que sea, se magnifica desmesuradamente y llena la mente racional del jugador y enmascara el problema real de la victoria. Por supuesto, hay muchas más consecuencias contraproducentes, pero la más obvia es que nos hace perder los partidos.

Todos nosotros hemos tenido multitud de experiencias con oponentes que se autoexcusaban por perder, y siendo muy educados, lo aceptamos como una debilidad de carácter, o puede ser, incluso, como una pequeña deficiencia moral. En cualquier caso, no nos gusta.

Afortunadamente, raramente nos autoexcusamos excepto bajo circunstancias inusuales. ¿O sí lo hacemos? Es una “excusa” obvia cuando nuestro oponente comparte sus “problemas” en la pista con nosotros, y sospechamos que está haciéndolo groseramente para devaluar nuestra victoria. Por otro lado, es simplemente un problema real y no una excusa cuando nosotros compartimos nuestros problemas en la pista con el oponente. Sentimos que necesitan saber estas cosas para entender de verdad la situación. Pensamos que se estará perdiendo la realidad de la situación si no le ayudamos a comprender que estuvimos jugando con un extraordinario handicap (odiamos pensar que en su ignorancia podría haber sobreestimado su propia contribución a su victoria).

Lo que más confunde a la mayoría de nosotros con la excusa del problema, es que cuando lo hacemos, los problemas sobre los que hablamos a los demás son reales. Por ejemplo, si tienes un tirón en la pierna y no puedes correr normalmente, ¿sería una excusa si mencionas este hecho a los demás? La respuesta es ¡sí! Eso es real e incuestionable. Casi todas las excusas que la gente da son reales, y son tan evidentes que, simplemente, nadie quiere oírlas.

Tu motivación en decir a la gente tu excusa es convencerles de que eres un jugador de tenis mejor de lo que el resultado de hoy podría indicar. Esperas que su opinión de ti mejore o, al menos, conseguir alguna simpatía. Desafortunadamente no conseguirás ni una cosa ni la otra, y sí, de hecho, lograr lo contrario.

Si sientes que te va a salir una excusa, muérdete el labio y resístete a hablar sobre ello. Pero sobre todo, resístete a pensar en ello también, o a sentir pena de ti mismo. Échalo de tu cabeza o trabaja sobre ello. Si quieres ganar el partido necesitarás todas tus facultades mentales enfocadas en jugar mejor, porque, lamentablemente, tus problemas simplemente te distraerán y te debilitarán.

Sólo deberías pensar en un problema y trabajar en él, si llegara a hacer que tengas que alterar tu plan de juego. Por ejemplo, si tu pierna te duele y no puedes moverte normalmente, todavía puedes ganar. Sólo tienes que pegar más duro para que tu oponente no juegue cómodo y se beneficie de tu mala movilidad, facilitando al mismo tiempo que sus pelotas sean más cómodas para ti. Preocupándote de tu pierna y pensando en contárselo a todos, sólo te distraes en la ejecución, donde necesitas estar enfocado más que nunca.

Sigmund Freud apuntó que los mecanismos de defensa como la racionalización (en este caso las excusas) son normales y a menudo sirven para propósitos útiles y proactivos. Desafortunadamente, el tenis de competición no es una situación normal, y los propósitos útiles que proporcionan las excusas no incluyen ganar partidos o generar el respeto de los oponentes o de los espectadores. Los jugadores de éxito se resisten a poner excusas reconociendo conscientemente los problemas reales en la pista y utilizando la parte racional de sus cerebros para continuar sobre la pista.

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