Es algo muy simple pero como todas las cosas simples es muy potente.
Te animo a que, si dispones de un momento, lo leas con detenimiento, descubriras como con una simple pregunta podras reconducir tu estado emocional durante el partido y sacar un mayor partido de tus habilidades fisicas y tecnicas, lo que te llevara la mayoria de veces a cosechar un exito seguro.
Este articulo pertenece a un extracto del libro "Tenis:Ganando el partido psicologico"© 2010 por Alex Fox, doctor en psicologia.
"La “Regla de Oro” del tenis es tan simple que, si la sigues, te sacará de más de un problema mejor que ninguna otra cosa. Y es: nunca hagas nada en la pista que no te ayude a ganar. En efecto, suena absurdamente obvio, pero muy poca gente la sigue con consistencia. Aplicar esta regla requiere que uno examine cualquier acción antes de llevarla a cabo con una simple pregunta: “¿me ayudará esto a ganar?”. Si la respuesta es no, no la hagas.
Los grandes jugadores, raramente dejan de tener en cuenta, al menos en ciertos niveles, que el objetivo del juego es ganar el partido. El jugador medio, por el contrario, a menudo parece olvidar este hecho elemental. Pero incluso los jugadores profesionales, en ocasiones se quedan atrapados en las emociones del partido y lo olvidan.
Un ejemplo verdaderamente estrafalario de lo que puede ocurrir, fue el de mi amigo Jeff Tarango, un brillante, divertido y educado en Stanford profesional del tenis, en Wimbledon 1996. Tarango, por entonces con 26 años de edad, nunca había ganado un partido en Wimbledon. Pero ese año llegó a la tercera ronda y tuvo una excelente oportunidad de pasar a dieciseisavos de final porque estaba jugando con el alemán Alexander Mronz, cuyo nombre en el mundo del tenis no era muy reconocido.
Durante el partido, Tarango hizo lo que él creía que era un saque directo, pero fue cantado como out. Tratando sin éxito de convencer al juez de silla para corregir al línea, Tarango fue abucheado por el público. Muy enfadado, dijo a los espectadores que “cerrasen la boca”. El juez de silla le dio un aviso de violación del código por “obscenidad audible”. Aunque sólo fue un aviso, esto enfureció tanto a Tarango que reclamó que el supervisor se presentara en la pista. El supervisor se presentó y dictaminó que el aviso se mantenía. Encolerizado por eso, Tarango llamó al juez de silla “el oficial más corrupto del juego”, y fue rápidamente penalizado con un punto por abuso verbal, costándole el juego. En ese momento, Tarango perdió la cabeza y gritó “Eso es. Eso sí que no. Eso es”. Cogió sus bolsas, salió de la pista y entró en los libros de historia como el primer jugador de la era Open en abandonar por decisión propia en Wimbledon. Para empeorar las cosas (sí, siempre es posible), Tarango dio una rueda de prensa en la que justificó el llamar al juez de silla “corrupto” por acusarle a él, basándose en rumores, de haber “regalado” partidos en el pasado a jugadores que eran sus amigos.
Totalicemos los daños. Primero, Tarango tiró por la borda una excelente oportunidad de avanzar en el torneo, ya que era, después de todo, favorito para el partido. Segundo, no jugó su dobles mixto, con lo que no quedó bien con su compañera. Tercero, le costó una nada despreciable pérdida económica en premios estimada en cerca de 50.000 dólares, una considerable suma para un jugador que no estaba entre las estrellas de este deporte. Finalmente, su imagen pública no mejoró, haciendo que pareciera un grandullón maleducado que habría necesitado unos bueno azotes cuando era niño. Después de todo, no fue una de las mejores tardes de Tarango, y el objetivo del juego (ganar el partido) se quedó aparentemente dormido en su mente.
Con todos estos daños acaecidos como resultado de sus acciones, uno se podría preguntar razonablemente ¿cómo un hombre con la inteligencia de Tarango pudo haber perdido completamente su objetivo tan obvio? La respuesta es que sus acciones fueron conducidas por el miedo al fracaso (estaba perdiendo), y exacerbadas por las emociones y el estrés acumulados por la situación. Abandonar fue su manera inconsciente de escapar de una situación excesivamente estresante que se temía que podría acabar de mala manera (perdiendo).
Si no crees esto, imagina la siguiente situación: Dios aparece sobre el hombro de Tarango y le susurra al oído que le garantiza que ganará el partido. Ahora, ¿qué habría hecho Tarango? Todavía podría haber seguido peleando con el juez de silla, pero apostaría un montón de dinero a que no habría dejado la pista y abandonado el torneo. (Para ser honesto, debo confesar que durante mi carrera como jugador hice algunas cosas en los torneos que fueron casi tan contraproducentes como las acciones de Tarango. Bajo cierto grado de presión, todos nosotros somos muy capaces de tomar algunas decisiones muy emocionales y alocadas.)
Los grandes campeones son diferentes. John McEnroe tenía un temperamento ardiente similar, pero su enjuiciamiento de la situación era mejor. Normalmente, podía permanecer racional de alguna manera, incluso en situaciones de angustia emocional. Porque en algún nivel profundo sentía que iba a ganar, podía comprender dónde estaba la línea que delimitaba el desastre y, por tanto, controlarse lo suficiente como para impedir traspasar esa línea. Caía en cambios emocionales en los que hacía peticiones no razonables, vejaba a los jueces de silla y llevaba los partidos a la confusión, pero normalmente se beneficiaba de ello. Intimidaba a los jueces de línea para que le beneficiaran en decisiones dudosas, sacaba a los oponentes de su juego y se estimulaba a sí mismo con adrenalina, y a menudo (pero no siempre) jugaba mejor.
Un año fue eliminado del Open de Australia, pero dijo después que había sido por desconocimiento del cambio reciente de una regla, en la que las autoridades habían recortado el número de abusos que un jugador podía cometer antes de ser eliminado. La progresión anterior era “aviso”, “punto”, “juego” y “ELIMINACIÓN”, pero se cambió a “aviso”, “punto” y “ELIMINACIÓN”. McEnroe simplemente calculó mal y pensó que todavía se podía permitir otra penalización. En contraste con Tarango, McEnroe podía parecer a veces un hombre alocado e irracional, pero en el fondo contaba cuidadosamente sus penalizaciones por lo que podía pararse antes de llegar más lejos. McEnroe no olvidaba fácilmente sus mejores intereses.
McEnroe era astuto en otras maneras de expresar su frustración o enfado. Sabía que maldecir a los jueces de silla le podía llevar a violaciones del código, por lo que en vez de ello decía cosas como “¡eres tan bajo que las palabras no pueden describir cómo de bajo creo que eres!” Por supuesto, esto es tan insultante e hiriente como maldecir, pero hacía que fuera más difícil de aplicarle el código de violación.
No somos tan racionales como deberíamos ser. Demasiado a menudo nuestras emociones conducen nuestras actuaciones, mientras que las habilidades para razonar son relegadas a la parte de atrás del autobús. Esto es especialmente común en el tenis porque es un juego inherentemente emocional y estresante. Las emociones errantes durante el partido nos tientan a olvidar nuestro objetivo (ganar el partido) y nos sumergen en el enfado, el antagonismo personal, las auto excusas y otros estados mentales contraproducentes o estresantes. Teniendo en cuenta la pregunta de nuestra Regla de Oro “¿Me ayudará esto a ganar?, nos podemos defender de tales estados mentales debilitantes y destructivos.
Orientarse en el objetivo de la “Regla de Oro” también es aplicable a las sesiones de entrenamiento y a los partidos sociales. En el entrenamiento, tu objetivo es, simplemente, mejorar tu juego y tu condición física. Si no estás golpeando la pelota con regularidad, ten en cuenta que el rendimiento no importa en el entrenamiento. Simplemente estás tratando de mejorar tus habilidades y de estar en forma. Frustrarse porque no estás jugando tan bien como piensas que deberías hacerlo es totalmente contraproducente, y además perder algo de tu tiempo, si no todo, en la pista. Y en los partidos sociales, ten en cuenta que la amistad y las buenas sensaciones son las razones principales por las que estás en la pista, por lo que no dejes que tu pasión competitiva se te escape de las manos.
Considera el ejemplo de Fred (le llamaremos así) quien algunas veces olvida la “Regla de Oro” en ambas situaciones. Él juega y practica con su mujer, que es una excelente deportista. Fred, aunque extremadamente inteligente, exitoso en los negocios y altamente motivado, no es un deportista muy agraciado, y ésta es un área de considerable inseguridad y frustración para él. Cuando su mujer lo domina en la pista, Fred se ve abrumado por la furia, la frustración y la competitividad, y algunas veces responde con arrebatos de hostilidad y agresión. La agresión es verbal y no física, claro, y cuando después llegan a casa, Fred se deshace en disculpas y se siente mortificado y culpable. Pero el daño ya está hecho. Su mujer es estupenda y perdona, pero el duro trato de Fred en la pista no puede ayudar sino dañar la relación, y tarde o temprano, directa o indirectamente, él pagará por ello.
Ésta es la última consecuencia negativa de olvidar la “Regla de Oro”. Fred hiere a la persona más importante en su vida simplemente ¡porque ella está sacando lo mejor de él en un insignificante partido de tenis! Esto es el colmo del desequilibrio, pero las emociones incontroladas no afectan al equilibrio, sino que afectan a la satisfacción.
Aferrarse a la “Regla de Oro” es a menudo problemático, tanto en la pista como fuera de ella. Esto es debido a que nuestros sistemas emocionales se disparan más rápidamente que nuestros sistemas lógicos y, generalmente, reaccionamos antes de que podamos pensar en las consecuencias de nuestros actos. Tengo la esperanza de que esta información ayude a tomarte el tiempo para considerar las consecuencias y evitar lo peor de una reacción emocional. "
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